No se trata de que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas.
Mary Wollstonecraft
Mary Wollstonecraft
jueves 24 de abril de 2008
Inadmisible
Ya era lo que me faltaba por oir, Esperanza Aguirre firma un convenio con Rouco Varela para que la Iglesia, con la Provincia Eclesiástica de Madrid, tome parte en los comités de ética de los hospitales de Comunidad de Madrid... van a tener voz y voto en temas como los sedantes en las personas terminales, el aborto... Estoy realmente indignada, como ciudadana y sobretodo, como mujer. Que se financie con dinero público de un Estado acofensional -la laicidad es exigible- la imposición de dogmas religiosos es sencillamente vergonzoso, y si se apura, inconstitucional.
Que una institución misógina, machista, que silencia e invisibiliza los abusos sexuales a menores -pedofilia- (y encima los designan como "requerimientos", que hay que ser infame) por curas -insisto, pedófilos- que siguen "ejerciendo su profesión", y para qué seguir -y que quede claro que me refiero a la Iglesia como institución- imponga qué debo hacer con mi cuerpo, con mi dolor, o con el de mis seres queridos, me parece, sencillamente, inadmisible.
Convenio de colaboración en pdf
¡QUÉ VERGÜENZA!
Han pasado muchas cosas últimamente, se han descubierto quiénes se ocultan bajo el discurso de lo políticamente correcto (a otros y otras ya los teníamos bastante fichados...). "Si no es porque sean mujeres, yo estoy por la igualdad, por supuesto, PERO..." y aquí entran toda una serie de idioteces, porque no tiene otro calificativo, con argumentos soeces y simples que siguen justificando de forma más o menos implícita que hay lugares que son propios de hombres, y punto. Hombres jóvenes en puestos importantes, triunfadores, hombres maduros en puestos importantes, triunfadores y hombres hechos a sí mismos, hombres sin experiencia profesional/conocimientos específicos/experiencia política... nadie se lo cuestiona cuando el sexo es masculino, pero si se trata de mujeres, ahí la cosa cambia, ahí si se plantean estas disquisiciones. Y el problema no es que se cuestionen, eso es sano, lo grave es que sólo sucede si son mujeres, es así de sencillo, y así de triste.
Qué pena, pero sobretodo ¡QUÉ VERGÜENZA!
Qué pena, pero sobretodo ¡QUÉ VERGÜENZA!
lunes 14 de abril de 2008
jueves 10 de abril de 2008
Ellos tienen apellidos; ella es Soraya
El trato a Sáenz de Santamaría confirma tics sexistas en el mundo político y mediático - Las mujeres en el poder sufren un trato paternalista
EL PAIS. MARÍA R. SAHUQUILLO 05/04/2008
¿Por qué al presidente del Congreso de los Diputados se le llama Bono y la nueva portavoz del Partido Popular es Soraya? ¿Por qué se ha escrito de ella que es "curva, muelle y blandita"? Por sexismo. Por la misma razón que una mujer es siempre mujer antes que profesional en el ámbito público y se utiliza para denominarla su nombre de pila. Muchos hablan de que todavía hoy existe un doble rasero para medir la valía de hombres y mujeres.
Desde los 26 años Soraya Sáenz de Santamaría es abogada del Estado. Algo que ya quisieran muchos de sus compañeros. Sin embargo, en los últimos días se ha hablado de su juventud y muchos analistas políticos y tertulianos de toda índole han destacado su aspecto físico y su ropa por encima de su capacidad profesional.
Es el último ejemplo. Muchas mujeres se enfrentan a diario a comentarios como esos que subrayan sus características femeninas y dejan en segundo plano su valía, lo que les obliga a poner sobre la mesa sus habilidades de manera incesante. Esto lo sabe muy bien la vicepresidenta del Gobierno en funciones María Teresa Fernández de la Vega: "Vivimos en una sociedad patriarcal y en política a las mujeres todavía se nos juzga con un baremo distinto al de los hombres", asegura la mujer con mayor poder político en España desde 2004.
Las mujeres han alcanzado determinadas cuotas de poder. Han ocupado espacios públicos donde ya no se les cuestiona por estar pero sí se les señala con formas más sutiles. "Esta chica...", "Soraya...", "en una puesta de largo que vistió con una levita color crema...". Frases como ésta han aparecido en la prensa en los últimos días. Incluso en este periódico. También en la radio y en la televisión Sáenz de Santamaría ha sido cien veces Soraya.
Lo mismo que la candidata demócrata a luchar por la presidencia de Estados Unidos Hillary Clinton ha sido Hillary o la presidenta de Argentina Cristina Fernández, Cristina. También a Ségolène Royal se le llamaba casi siempre por el nombre de pila. Algo que sólo se emplea en las distancias cortas, que implica intimidad, cercanía. "Un síntoma de que se trata a las mujeres como invitadas toleradas en el espacio público y no como ciudadanas de pleno derecho", asegura Soledad Murillo, secretaria general de Políticas de Igualdad del Gobierno. "Una forma de intentar restar autoridad. Podría querer decir que hay una mayor proximidad pero resulta un poco sospechoso porque no se hace con los hombres", dice la ex ministra de Cultura Carmen Alborch.
(...) la socióloga Inés Alberdi, para quien "el sexismo se usa para poner a las mujeres en inferioridad de condiciones. Cuanta más competencia hay -y en la política y en el mundo de la empresa la hay, y mucha- más se utiliza para señalar una debilidad. Para menospreciar y minusvalorar".
Aún hoy, en el siglo XXI, la idea de autoridad y poder está vinculada al estereotipo masculino. El hecho de emplear el nombre de pila para hablar de una mujer o mencionar su aspecto es sólo una muestra. "La mirada que se dirige a las mujeres políticas no es la misma con que se observa a los hombres. Las expresiones tampoco son las mismas. No hay comentarios sobre cómo visten los hombres o como se peinan", argumenta Fernández de la Vega. Esta mirada diferenciadora es, para Susana Camarero "un reflejo de que todavía existe un ramalazo de sexismo".
(...)
Esa tendencia no es única. "La descripción como la niña que se hace de algunas mujeres, y si son jóvenes, más, como en el caso de Soraya Sáenz de Santamaría, es intolerable. Yo estoy orgullosa de que sea la portavoz de mi grupo, y además abogada del Estado. Nadie cuestiona ni habla en esos términos de un hombre", reclama la diputada Susana Camarero.
La diputada Camarero rememora varias entrevistas en las que se le ha preguntado a la portavoz de su grupo si está casada, si va a ser madre... "¿Por qué tienen que preguntarle estas cosas...? Nadie habla sobre si Costa está casado, o de si lo está Manuel Pizarro", dice. "A la vicepresidenta siempre se le ha mirado con lupa. A Solbes no se le ha cuestionado si está gordo, delgado o normal...", remata.
(...) Parte de culpa de ello la tienen, para la profesora Pilar López Díez, los medios de comunicación, que siempre muestran de la mujer la misma imagen estereotipada: cuidadoras, amas de casa, esposas, madres o hijas de un hombre.
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Circunstancias como esas obligan a las mujeres a mostrar continuamente sus habilidades y a ganarse cada día el puesto. "La labor política de una mujer se observa desde otra perspectiva. Siempre una mujer tiene que demostrar mucho más su valía que los hombres. A ellos se les da por supuesto", asegura María Teresa Fernández de la Vega. "Hay una doble vara de medir, un cuestionamiento de por qué estamos aquí", añade Alborch.
Circunstancias como esas obligan a las mujeres a mostrar continuamente sus habilidades y a ganarse cada día el puesto. "La labor política de una mujer se observa desde otra perspectiva. Siempre una mujer tiene que demostrar mucho más su valía que los hombres. A ellos se les da por supuesto", asegura María Teresa Fernández de la Vega. "Hay una doble vara de medir, un cuestionamiento de por qué estamos aquí", añade Alborch.
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A las mujeres líderes siempre se las ha reflejado de la mano de un hombre. Marido, padre, hermano. "Hillary Clinton de la mano de su marido, Indira Gandhi de la de su padre o la paquistaní asesinada Benazir Bhutto, hija de Alí Bhutto", dice Carmen Alborch. No sólo el sexismo es síntoma de desigualdad. También de paternalismo. "Una de las peores discriminaciones, porque no permite réplica. Se hace desde el cuidado no solicitado y te sitúa como menor", explica Soledad Murillo.
Muchos analistas no sólo destacan la profesión de abogada del Estado de la nueva portavoz del PP, sino que además dicen que es una persona muy lista, para inmediatamente cuestionar si sabrá desempeñar el cargo para el que ha sido llamada, porque la política es la política y hay que saberla llevar. ¿Se hubiera dicho lo mismo de un hombre con las mismas credenciales?
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